El 2013 en anime. Lo mejor y lo peor.

domingo, 29 de diciembre de 2013 · Posted in ,


Lo que se presenta a continuación es una lista de lo que el autor de este blog consideran que ha sido lo mejor y lo peor en cuestión de anime durante el 2013. Las series se valoran por sí mismas, en sus aspectos individuales y no entre una y otra. Por esto mismo no hay un ranking numérico ni mucho menos calificaciones.

Lo mejor

Monogatari Series: Second Season

Esta imagen no es representativa de la serie. O quizá sí.
Describir la serie Monogatari, escrita por Nisio Isin, no es tarea fácil si uno quiere hacerle justicia a una de las franquicias más importantes en los últimos años y que en buena medida fue la punta de lanza del estudio SHAFT. Quienes vieron Bakemonogatari y que no tenían el precedente de otras obras del mismo autor no quedaron indiferentes ante una serie que desde el primer minuto se presentaba tan abstracta como misteriosa. Es posible que ni el propio Nisio Isin intuyera en lo que se convertiría esa serie de historias que escribiera para la revista Faust. El resultado fue un relato sobrenatural, cargado de diálogos que remplazan por completo la acción, juegos de palabras, personajes espectaculares y temas que iban desde el humor otaku, el harem, la masacre constante a la cuarta pared, hasta la condición humana.

En su segunda temporada, que en realidad es la tercera en emisión debido a que Nisemonogatari y Nekomonogatari Black aunque emitidas por separado formaban parte del corpus de la primera sección de la historia, se han adaptado cinco de las novelas originales: Nekomonogatari White, Kabukimonogatari, Otorimonogatari, Onimonogatari y Koimonogatari. Si Bake y Nise sentaron la premisa de esta historia y presentaron a los personajes, la segunda temporada se ocupa de expandir un universo al mismo tiempo complejo como reducido, plantear preguntas y crear posibilidades, y para hacerlo el autor se vale de una narrativa no lineal y  llena de saltos temporales. La apuesta, que se constituye como un rompecabezas, es arriesgada y exige mucho más del espectador que en las temporadas pasadas.  

Oregairu

Oregairu también tiene al mejor trap
del año.
Uno de los temas más explotados en la industria del anime en la actualidad es el de las comedias románticas estudiantiles. Lo que alguna vez impactó al mundo con Haruhi se fue convirtiendo en un compendio de series intrascendentes, repetitivas y sobre todo condescendientes con los fanáticos que querían verse a sí mismos como los perdedores que, al final del camino, alcanzarían la redención de su mediocridad y de sus pocas habilidades sociales. Oregairu no deja de ser un slice of life de preparatoria, pero al mismo tiempo es una deconstrucción del género, un cuestionamiento constante a sus tropos y temas comunes. La serie es tan cínica como su protagonista, Hikigaya Hachiman, uno de los grandes personajes de los últimos años, un antihéroe sardónico, irónico y amargo. La juventud, dice el protagonista, es una mentira, una ilusión de los hipócritas. Si en otras series esta percepción se transforma con el paso de los capítulos, ya que lo políticamente correcto es que los personajes replanteen sus valores iniciales para asumir los que la sociedad considera correctos, en Oregairu se mantiene intacta, dándole así un matiz sutil pero fundamental a la obra. Convencerse a sí mismo de la necesidad de integrarse a un grupo de amigos, de llevar la vida que en teoría deben llevar los jóvenes para que los recuerdos de la adolescencia no sean amargos, no son prioridades de Hachiman. Él es un solitario introspectivo que aspira a mantenerse fiel a sus convicciones.

WataMote


Si Oregairu era una revisión cínica al género del slice of life, WataMote es el reflejo de esas personas ávidas de pertenecer a ese mundo en el que los perdedores triunfan pero que, contrario a lo que sucede en el anime, encuentran solo el fracaso. Esta es una serie oscura, un drama de la ineptitud social con tintes tragicómicos, a veces quizá excesivos en el apartado humorístico para aligerar el peso que supone ver la humillación constante de la protagonista. Para Tomoko no hay redención, solo hay derrota.

Minami-ke Tadaima

La primera temporada de Minami-ke, la historia simple de la vida sencilla de las tres hermanas Minami y de la que el espectador no debería esperar demasiado, es acaso uno de los slice of life más sinceros, con menos pretensiones y fieles al espíritu del género. Lo que alguna vez fue glorioso se pervirtió en dos temporadas infames, con cambios de arte, estudios y de esencia. En medio de ese caos más bien satánico, no es sorpresa que nadie esperara que de entre esas quimeras abyectas renaciera con nuevos bríos esta serie. De forma discreta el 2013 fue testigo de la mejor entrega de Minami-ke. Desde el primer minuto de esta cuarta temporada uno es consciente de que el director y su equipo no solo fueron fieles a la entrega original, sino que también buscaron llevar a esta serie a un nuevo nivel. Lo lograron. 

Nagi no Asukara (aún en emisión)


Luego de obras deslucidas y tirando a insoportablemente malas como Tari Tari, esta es quizá la producción más importante de P.A. Works en mucho tiempo, algo que con un despliegue estético pocas veces visto es evidente desde el minuto cero de este anime. Que el estudio en cuestión sea uno de los mayores exponentes a lo que a buena animación se refiere le otorga a Nagi no Asukara un valor añadido. Mientras que una compañía como Kyoani, ciertamente excelsa en el apartado visual, ha caído en la tendencia mediocre de repetir el mismo patrón de personajes desde K-ON!, P.A. Works, de la mano del excelente ilustrador Buriki, le dieron una nueva cara al estudio. El resultado es impecable y fastuoso.

Si bien los primeros episodios de Nagi no Asukara pecan de la enorme inmadurez de sus protagonistas y de los lacrimógenos guiones de Mari Okada, la historia progresa en direcciones inesperadas. Por una parte están los conflictos amorosos y pueriles del grupo de estudiantes del mar que se han visto en la necesidad de estudiar en la tierra, por otro están los conflictos entre dos sociedades históricamente ligadas y hoy separadas, llenas de rencores mutuos. Por suerte la cuestión metapolítica no es excesiva, sino que está ahí como un trasfondo necesario para que se desarrolle una trama conmovedora y entrañable. 

Kill la Kill (aún en emisión)

Esta sí es una imagen
representativa.
En pocas palabras, Kill la Kill es una versión potenciada de Medaka Box. Cuando creíamos que los trastornos mentales de Nisio Isin, en cuyo manga se hacía una parodia exagerada del shounen, habían tocado el límite, el estudio Trigger, culpable de esa paranoia llamada Inferno Cop, nos regaló una de las obras más dementes y excesivas que se han visto en los últimos años. Como sucede con casi todas las series del género, Kill la Kill no cuenta nada espectacular ni mucho menos es infalible, pero lo aborda todo de una manera grandiosa, desde las batallas, los elementos cómicos hasta el inevitable  y muchas veces odiado fanservice. 

Si hay una lección en este anime es que en muchas ocasiones, si no es que en casi todas, a veces es mucho más importante la manera en que se cuenta un relato que el relato mismo.  

Menciones honoríficas: GJ-Bu, Haganai NEXT, Kiniro Mosaic y Non Non Biyori


Lo peor

Unbreakable Machine Doll

Entendiendo Unbrekable Machine Doll. 
El hombre no puede obtener nada sin dar algo a cambio. Para crear, algo de igual valor debe perderse. Esa es la primera ley de la Alquimia de Equivalencia de Intercambio. En ese entonces, realmente creíamos que esa era la única verdad del Universo.

Y ya saben lo que pasa cuando uno desobedece esa ley: uno intenta crear a un humano y al momento siguiente se abre la puerta de la verdad. El precio por violar el tabú es enorme: Ed pierde un brazo, Al el cuerpo entero, Izumi los órganos reproductivos, y al final lo que se crea no es humano. Esta es la premisa de uno de los mejores animes de la historia, FullMetal Alchemist. ¿Qué tiene que ver esto con Unbreakable Machine Doll? Cambien humanos por muñecas moe ninfómanas que pelean y tienen el argumento de este pésimo shounen. El protagonista sufre la pérdida de su familia, su casa se quema, usan a su imouto para violar el tabú, se va de su tierra, viaja a una Inglaterra steampunk junto con su muñeca celotípica, una tsundere se enamora de él, también una de esas chicas calladas se une a las filas de su harem, pero él está concentrado en vengar la muerte de su familia mientras se resuelve el misterio de aquellos que quieren convertirse en Dios y crear formas de vida superiores.

Oreimo 2
Kanako best girl.
¿Se acuerdan cuando Oreimo era una linda historia sobre cómo dos hermanos se ayudaban y construían una relación que habían perdido mientras que la imouto encontraba nuevos amgios? Olvídelo, todo es irrelevante. En algún punto Oreimo se volvió un harem incestuoso como prueba de que la humanidad erró el camino. La anécdota otaku poco importa. Ahora tenemos un compendio de historias inconexas cuyo único objetivo es reafirmar las tendencias incestuosas de los protagonistas, mientras en el camino se arruina la juventud de los personajes que otrora valieran la pena y que terminan por volverse en niñas rogonas y sin dignidad por un pedazo del amor de un fracasado que solo tiene interés por su hermana biológica. 


Aku no Hana

Herp Derp.
Imagínese una colaboración entre Amelie Nothomb y Ryu Murakami. El resultado será necesariamente una historia de adolescentes descarriados cuyo mayor logro es desafiar algunas normas sociales. Si ya Antichrista era una novela casi ilegible de lo mala que era, Aku no Hana es el pináculo de ese mal gusto, como si los jóvenes de “Azul casi transparente” no se hubieran atrevido a probar las drogas ni a tener sexo desenfrenado con los militares gringos. Los problemas a los que se enfrenta Kasuga, un joven pretencioso que parece solo conocer “Las flores del mal” y ya por eso se asume en una escala moral superior al resto de sus compañeros, son mucho más banales y menos transgresores de lo que sugiere la serie. El crimen de Kasuga no es volverse un delincuente o sembrar las flores del mal en el suelo yermo del pueblo en el que vive. No, él simplemente es un ladrón de pantsu. Decide olisquear la ropa deportiva de la compañera de quien está platónicamente enamorado, oye un ruido mientras está en el acto y se da a la fuga. Nakamura, una compañera problemática, lo observa y al día siguiente lo confronta y le dice que es un pervertido y que va a “derribar sus muros”. El resto es puro angst adolescente barato. Aku no Hana está hecha para engañar a los bobos de la misma manera que una película de cine de arte fallida capta la atención de los seudointelectuales despistados que están en la sala solo porque consideran que un filme francocoreano vale más que la producción promedio de Hollywood. 

Si la historia por sí sola no es lo suficientemente mediocre y pretenciosa, la animación es mucho peor. Es también el paraíso hipster. El director, que en alguna ocasión estuviera a cargo esa obra maestra del arte animado como lo es Mushishi, en el afán de ser muy artsy decidió hacer de Aku no Hana una serie en rotoscopía. Grabó a los actores, sus malas actuaciones y luego los medio dibujó, lo animó todo a un cuadro por segundo, con el ritmo más aletargado posible y entregó un producto terminado que más bien parece un borrador. Pero esto a los hipsters les gusta porque “no es moeshit”. Si quieren rotoscopía bien lograda en anime vean el opening de la película de Cowboy Bebop. 

Shingeki no Kyojin

Shingeki no Kawaii
El tren del hype hizo parada en el 2013 en este anime de titanes. No pasó ni un capítulo para que la gente lo considerara como una obra maestra, como uno de los momentos más importantes del anime de todos los tiempos. Esta serie padece del síndrome de Elfen Lied pero a escala masiva. Si la primera era una serie más bien mediocre cuyo único valor residía en el shock que el gore infringía en sus espectadores, Shingeki no Kyojin potencia este aspecto a niveles superlativos. La humanidad está encerrada tras unas murallas porque unos misteriosos titanes comegente han poblado el mundo. Esos seres un buen día atacan la ciudad, se comen a la mamá del protagonista y este jura venganza. La tragedia maternal del Gary Stu, ¿la recuerda? Era un tropo que despreciábamos por corriente, pero ahora lo alaban por transgresor. Es cierto que, bien manejado, puede funcionar, pero no es el caso de esta serie.

Shingeki no Kyojin es el gran ejemplo de que basta con unos desmembramientos, gritos, personajes planos, arquetípicos hasta el hartazgo, giros de tuerca tan tramposos como predecibles (¿se sorprendió cuando Eren se volvió titán?, ¿no intuía que esa titana narizona era la misma narizona malhumorada que entrenaba con Eren?) y una ideología maniquea para alcanzar el éxito y hacer que las masas se monten en el ese tren en el que avanzarán obnubilados por la eternidad. SNK no es ni siquiera un seinen, es un shounen que se disfraza de algo que jamás será. Esto es así porque la psicología de los personajes es barata y los lugares comunes afloran al por mayor. 

Traducción: Abingdon Square Park de Rowan Ricardo Philips

domingo, 29 de septiembre de 2013 · Posted in ,

Rowan Ricardo Philips es un ensayista y poeta norteamericano. Su primer libro "The Ground" recibió el  Premio Joyce Osterweil de Poesía 2013, otorgado por el PEN Club América.

ABINGDON SQUARE PARK

Había yo pensado una vez sobre
algo que alguna vez había pensando:

si para la naturaleza era acaso
natural parecer tan natural;

si hubo un hombre en el sol que, con palancas,
poleas y engranes, lo sostuviera

y, de ser así, si alguna vez
logró no estar allí;

si medimos o somos
medidos por lo que de pronto permanece

mientras que implosionan de regreso
los disparos al cáliz del corazón

y queman, cantan, buscan por sí mismos
entre la oscuridad que se intercala.

Había tenido un pensamiento.
Aquí me encontraba: en Abingdon Square Park.

Había unos magníficos tulipanes technicolor.
Sus labios como los labios ciegos.

Como heraldos de la primavera
cantaban y en junio estaban muertos.

WataMote: No hay redención para el otaku

miércoles, 25 de septiembre de 2013 · Posted in ,

Durante los últimos años en la industria del anime, el manga y las novelas ligeras ha habido un boom de las historias protagonizadas por otakus en el sentido puro del término, es decir gente incapaz de integrarse a su sociedad, personas que se refugian detrás de una obsesión y que, por lo general, viven desmotivadas. Las razones de su éxito se explican en la medida en que estos trabajos reflejan las necesidades, problemas y aspiraciones de sus consumidores. Ha sido tanto el auge de estas historias que incluso podríamos catalogarlas como un subgénero dentro de los slice of life. La fórmula es casi siempre la misma: Protagonista-kun es un estudiante de preparatoria ignorado por todos y sin perspectivas para su futuro hasta que, gracias a un truco narrativo, a veces fantástico o en otras ocasiones realista, se encuentra con Chica A, siempre conflictuada por dentro, junto con quien evolucionará para superar sus problemas. Este esquema puede generar desde verdaderos bodrios, como harems mal llevados y antojadizos solo para propiciar por doce capítulos las fantasías de los perdedores, hasta verdaderas joyas de la animación que sí buscan cuestionar e indagar temas profundamente humanos. De todos, el exponente más logrado y brillante es NHK ni Youkoso!, la historia de un hikikomori paranoico que, ayudado por una extraña, intenta con poco éxito reincorporarse a la sociedad.

Watashi ga Motenai no wa dou Kangaetemo Omaera ga Warui! (No importa cómo lo veo, ¡es culpa suya que yo no sea popular!), mejor conocido como WataMote, es la historia de Kuroki Tomoko, una joven de quince años muy poco agraciada y amante de los juegos otome que desde el primer minuto de la serie se cuestiona su ineptitud social. Así es como a lo largo de doce capítulos intentará, casi siempre por medios absurdos que llevan a situaciones cómicas, hacerse una persona a la que los demás le hagan caso. Si algo destaca desde el primer momento es que las preocupaciones de Tomoko, a diferencia de lo que pasa con muchas otras series, como Haganai por mencionar un referente inmediato, no son el hacer amigos o tener amor. Lo de ella es acaso más frívolo y superfluo para nuestros estándares: el título lo anuncia, ella quiere ser popular, que la gente la note de una vez por todas.

Esta es la definición del anime

lunes, 5 de agosto de 2013 · Posted in , ,



¿Qué es lo que constituye el anime y cómo lo reconocemos?

Las definiciones comúnmente aceptadas gustan de ignorar lo específico y usan una lógica más espartana, o más bien una carencia de lógica al definir el concepto de “anime”. Podría decirse, por ejemplo, que “¡si está hecho en Japón es anime!”, o algo igual de simplón como que “el creador no nació en Japón, ¡esto no es anime!”.

A otros les gusta esforzarse en tener una opinión elegante, mostrando su notable inteligencia al recitar lo que han aprendido en Wikipedia y describir a profundidad los orígenes de la palabra “anime”, esperando impresionar a sus adversarios para que ellos crean que hay alguna absurda correlación con nuestros asuntos moe y pantsu contemporáneos.

Finalmente, hay un tercer escalón, bastante tonto y muy similar al primero y al segundo, uno que intenta describir características minúsculas y arbitrarias de una animación, juzgando qué tan o qué tan poco americana se ve, y quizá yendo tan lejos como para combinar los dos métodos antes mencionados, como si algún dios hiciera la revelación divina solo sobre ellos acerca del verdadero significado del “anime”.

¡Pero ay de vosotros, pobres almas!, así no es cómo funciona la realidad. Ni en un contexto artístico ni en uno cultural la definición de las palabras e ideas vienen de semejantes capas rancias de significados forzados. Para empezar, lo que definimos son ideas, conceptos y pensamientos conceptuales, y estos no están definidos por una rígida definición de varias palabras. El significado de las palabras evoluciona continuamente a lo largo del tiempo, ¿y por qué es eso? Porque la sociedad evoluciona, dando forma al lenguaje en el proceso.

No son un individuo, ni un instituto ni un libro los que pueden definir una idea, es la sociedad la que la acepta y la que otorga la definición a dicha idea cuando la reconocen como tal. La sociedad es la que define lo extraño y lo común, y esto significa que la sociedad es quien define al “anime”.

Mario Santiago Papasquiaro o la vanguardia no significa nada cuando la poesía es mala

domingo, 16 de junio de 2013 · Posted in ,

Los poemas de Mario Santiago Papasquiaro son, como mucho, una muy extraña curiosidad antropológica de nuestros convulsos tiempos. Uno se pregunta por qué algo tan decididamente malo ha logrado cierto estatus de culto. Después uno recuerda el nombre clave que yace detrás del poquito reconocimiento que este chilango tiene: Roberto Bolaño, quien no dejaba de encumbrar a su gran amigo mexicano y que hasta le regaló un personaje (Ulises Lima) en una novela fundamental como lo es Los detectives salvajes. Decía Bolaño, rebosante de su bromance son su amigo, que el autor del recientemente publicado Arte & Basura era el mejor poeta que había conocido. Todo esto, si no tomamos en cuenta lan  nostalgia del chileno, es una mentira monumental: este tipo debe ser el peor poeta que ha nacido en estas tierras y uno de los más infames a nivel universal. Su figura, si tenemos que alojarla en la memoria colectiva como un castigo por todos los crímenes de la humanidad, es ya un arquetipo de todo lo caricaturesco del poetastro que cree que está revolucionando algo y que no es diferente al niño que, mientras mienta madres, cree que está ejerciendo un acto de insurrección supremo.

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